La ingeniería biomédica ha presentado este enero la tercera generación de exoesqueletos pediátricos, un avance que redefine la movilidad infantil. Estos nuevos dispositivos son un 40% más ligeros que sus predecesores y significativamente más asequibles, permitiendo que niños con parálisis cerebral u otras discapacidades motoras puedan caminar de forma asistida durante periodos más prolongados sin fatiga.
La innovación clave radica en la integración de sensores neuronales y de movimiento que permiten que el robot 'aprenda' y anticipe la intención del niño, haciendo la caminata más fluida y natural. Validado por institutos de investigación en neurorehabilitación y respaldado por publicaciones en Nature Medicine, este exoesqueleto no solo mejora la salud física al prevenir atrofias y deformidades óseas, sino que tiene un impacto profundo en la integración social. Al poner al niño a la altura de sus compañeros, se transforma su autoestima y su percepción del mundo. Es un paso gigante hacia la independencia física, demostrando que la tecnología tiene el poder de curar barreras que antes parecían insuperables.
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