Este año se ha popularizado y estandarizado el uso de nuevas tipografías diseñadas específicamente para mejorar la legibilidad de personas con dislexia, basadas en el estilo 'Open Dyslexic'. Estas fuentes tienen un diseño característico: las letras poseen una base más pesada y gruesa, lo que impide que el cerebro las gire o invierta al leer, un fenómeno común en la dislexia. Además, aumentan el espaciado entre caracteres para evitar el efecto de 'crowding' o aglomeración visual.
Lo más relevante de 2026 es que las grandes editoriales de texto escolares en México, Colombia y España, así como las plataformas digitales gubernamentales, han comenzado a adoptar estas fuentes en sus libros y webs estándar. Esto representa un triunfo masivo para la inclusión en el aula, ya que antes los estudiantes debían buscar e instalar fuentes individualmente, una barrera tecnológica que muchos no podían saltar. Ahora, la accesibilidad viene integrada en el material de estudio. Este cambio simple pero poderoso valida la neurodivergencia y beneficia indirectamente a todos los estudiantes, ya que tipografías claras mejoran la velocidad de lectura y la comprensión lectora general en la población.
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